Archivos Mensuales: enero 2016

Saludaré de Esteban Tabares

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Con la tolerancia se hacen amigos (Cuento ganador del Certamen de cuentos del Aljarafe)

 

Aún recuerdo el día en que Marua llegó por primera vez a clase. Se veía que era una chica muy tímida, la profesora la presentó a toda la clase y ella siguió con la cabeza agachada. Anduvo un par de pasos hasta llegar al último pupitre de la clase, que era el único que estaba vacío.

Allí permaneció toda la mañana sin decir ni una sola palabra. Yo, que soy una chica bastante callada, a la que le cuesta hacer amigos, no dejaba de mirarla intentando que dijera algo. Era como esas chicas que salen en el libro de Religión cuando se habla sobre el Islam, el Corán y la cultura musulmana.

Pero a mí realmente me atrajo de ella el pañuelo que le cubría la cabeza. No entendía por qué la profesora nos hacía quitarnos las gorras en clase y ella seguía con el pañuelo sin que nadie dijera nada.

Pasaban los días y mi curiosidad crecía, sin embargo, permanecía igual, callada, en el último banco y sin relacionarse con nadie, ¡Me daba pena!

Los compañeros de clase la llamaban “la chica rara”, y a mis amigas, no les gustaba la idea de relacionarse con ella, por lo que pasaron otros tantos días sin que me atreviera a hablarle.

Recuerdo el día en que, estando en el recreo, tropecé con ella. Ese fue el inicio de una conversación que duraría hasta la vuelta a clase. Me había gustado tanto hablar con ella que a la salida de clase lo único que deseaba era volver al día siguiente para volver a hablar con ella.

A la mañana siguiente cuando llegué a clase, Marua ya estaba sentada en el último pupitre de la clase, como todos los días. Sin pensarlo, recorrí toda la clase hasta llegar y sentarme en el último pupitre junto al suyo. Todos mis compañeros me miraron y susurraron, la profesora me miró y se rió levantando el dedo pulgar como signo de aprobación. Pasamos toda la clase hablando, me di cuenta de que era un achica muy lista, sabía tres idiomas y dominaba perfectamente las Matemáticas ¡Quién lo hubiese imaginado!

Marua había vivido en tres países diferentes. A la gente le cuesta imaginar y aceptar a personas diferentes, tenemos la mala costumbre de pensar que lo nuestro es mejor, sin preocuparnos de conocer algo más.

En mis largas conversaciones con Marua pude darme cuenta que son más las cosas que nos unían de las que nos separaba. Cuando la conocí tenía once años, cursaba sexto de primaria, le gustaba el deporte, sobre todo la natación, e ir al campo con la familia.

Yo no entendía por qué los chicos de la clase no querían conocerla y ella decía estar acostumbrada. Sin embargo, era mucho más generosa que todos nosotros. No sólo aceptaba nuestras costumbres, sino que participaba de ellas: daba clases de Religión porque era una forma de conocer nuestra cultura.

Este año que la conocí celebró la Navidad y le fascinó cuando junto a mi familia fuimos a ver los pasos de Semana Santa.

Fue el principio de uno de los mejores años de mi vida.

Conocer a Marua despertó mi curiosidad y se convirtió en una de mis mejores amigas.

Poco a poco despertó también la curiosidad de mis compañeros.

Años después sigue siendo una muy buena amiga y seguimos aprendiendo juntas lo enriquecedor de conocer otras culturas.

Solo basta con ser tolerante con la gente diferente y empatizar.

 

Irene Cárdenas Mosqueda

Todas las hadas del reino (Laura Gallego)

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Camelia es un hada madrina que lleva 300 años ayudando a jóvenes doncellas y aspirantes a héroe. Cada siete años hacen una reunión de hadas madrinas en una casa, Orquídea, un hada madrina, le encomienda a Simón, un mozo de cuadra. Al día siguiente, Camelia va a ver a Simón. Simón le cuenta que está enamorado de Asteria, una princesa. Pero que no es cualquier princesa, es la heredera al trono de Vestur.

Pasa el tiempo y hacen muchas cosas para que Asteria si fije en Simón. Pero un día, llega Camelia a donde está Simón y se encuentra a Simón y a Asteria hablando. Camelia se llevó una sorpresa. Camelia les preguntó qué estaban haciendo y Simón le contó que estaban enamorados. Otro día buscó a Simón y se lo encontró en las mazmorras del castillo. Le preguntó que por qué estaba allí. Simón le dijo que se había intentado escapar con Asteria. El día del juicio se decidió que tendría que matar a un hombre lobo en el bosque. Cuando llegó el día de la caza del lobo, y después de muchos sucesos, Camelia se convirtió en mala.

El lobo estaba persiguiendo a Asteria y Simón le dijo a Camelia que la salvase, e hicieron un trato. El trato era que salvaba a Asteria a cambio de que le dieran el primer hijo o hija que tuvieran. Y así se cumplió.

Simón y Asteria se casaron y tuvieron una hija llamada Felicia. El día del bautizo llegó Camelia y les quitó a Felicia y se fue a un castillo con ella. En ese castillo había vivido una bruja llamada Magnolia que petrificó a un montón de jóvenes.

Felicia se hizo mayor y le entró la curiosidad de ver la sala donde estaban los jóvenes petrificados. Cuando intentó abrir la puerta, no pudo porque estaba cerrada con llave. Entonces se acordó de que una vez tuvo un encuentro con unas hadas y le regalaron unos presentes, entre ellos había una llave mágica que podía abrir todas las cerraduras.

Abrió la puerta y vio unas estatuas. Había una que le llamó la atención. Desde ese día todas las noches iba a la sala. Una noche se quedó dormida allí y por la mañana se fue a su cuarto, pero Camelia se dio cuenta y le castigó.

Por la noche fue a despedirse de las estatuas, pero en especial de Gris (el que le llamó la atención). Cuando lo vio le dio tanta pena despedirse de él que le besó en la boca. Y de repente Gris se convirtió en humano. Gris le dijo a Felicia que se llamaba Cornelio. Intentaron escapar pero Camelia se dio cuenta.

Al final vencen a Camelia y se van juntos tras ver a los padres de Felicia. Detuvieron a Camelia y le condenaron a muerte. Antes de matarle, un ancestral le dio un regalo de parte de un amigo. Cuando le mataron, Camelia, no había muerto de verdad. Se había convertido en ancestral y se iba a vivir para siempre con un viejo amigo suyo, Ren, que también era ancestral.

Isabel Rivera (6º C)